Por Tutty - 18 Mayo 2008 | Categoría:Inflexiones

"Me encanta pasar tiempo riendome de los dioses".
(Una de mis proverbiales bobadas)
Llegamos puntuales a una de las discotecas más mañés de mi ciudad. Nos pidieron esperar en el lobby, como siempre lo hacen los "bouncers" conmigo, yo no sé porqué. Esta vez nos dejaron entrar porque no había un alma: tenían que salvar la noche. Por una rendija ví a un tipo acomodándose los pantalones y ahí mismito se me alborotó esta calentura.
Como era de esperar éramos las primeras y únicas en el lugar, nos atendieron como si fuéramos importantes y por fin logré que los bouncers me dejaran entrar a una discoteca. Era noche de solo mujeres pero no me importaba: había logrado entrar finalmente. Me sentía importante. La bienvenida nos la dieron dos travestis en decadencia y nos pusieron coronas como en los reinados del Buen Pastor. Repartieron trago a lo loco a ver si nos emborrachaban, consumíamos y hacíamos algún show gratis. En efecto así fue y tras la tercera de guaro nos subimos a la mesas cual quinceañeras mendigando atención (que en el fondo esa soy yo hace varias décadas) a cantar y bailar. Bueno, yo sola porque las demás no son tan boletas por más borrachas que estuvieran. La noche pasó mientras yo manoseaba travestis y coqueteaba con mi hermana. Al final uno de los travestis hizo un streap-tease y quedó en una vulgar narizona rosada, mis favoritas. Y yo con esta calentura pues me le mandé cual loba en celo protagonizando el espectáculo grotesco de la noche. Mi hermana huyó negando cualquier parentesco conmigo y se fue a la oriental a esperar un bus para la casa.
Hasta ahí me acuerdo, la mañana siguiente recordaba en la celda donde desperté con las otras detenidas las ocurrencias de los travestis, como los manoseaba y morboseaba como me gusta que lo hagan conmigo, como eran sus nalgas siliconudas y artificiales como las mías: nada que ver. Fue una noche de copas una noche loca, una experiencia que hay que vivirla pero prefiero las fiestas donde haya más antena prominente para calentar. Ustedes se preguntarán, ¿cómo termina una fiesta de solo mujeres? Como siempre termino yo… borracha. El sobregiro de copas anidó en muchas, creando una guachafita que se generalizó en el ambiente de bombas, copas, arreglos florales, luces, y derroche de música en todos los niveles… y ni aún así me levanté una que me bajara la calentura.
Me repito. ¿Por que seré tan boleta?
Foto: Dance! de Clearly ambiguous / Flickr - Licencia CC-BY
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